jueves, 21 de octubre de 2010

El Hombre de las Cavernas

Me contaron que desde antiguo llamaron Duat a mi tierra, aquella en la que me criaron, y la observaron a través de un cristal cóncavo y espejado. Señalaron que esta tierra estaba abajo y dijeron: hacia abajo se cae y siempre es oscuro. Y trataron de escapar subiendo por escaleras esculpidas por todos lados, en las laderas de la misma montaña, pero que guiaban a distintos destinos. Algunas personas ascendían, otras trastabillaban y rodaban montaña abajo. Y otras, llevando una gran cantidad de bultos, caminaban por un camino plano y sencillo, considerando que estaba bien hecho, bien construido, muy transitado y el sentido era claro, sin descubrir que el camino era circular y pisaban una y otra vez las mismas rocas.
Pues bien, de Duat se trata esto y está lleno de cavernas. Por lo tanto, un hombre de las cavernas soy. Ahora me dirijo hacia las llanuras. Allí, me dijeron, se puede ver mejor la montaña, con más luz, y así se puede distinguir el mejor camino. Pero, mientras tanto, he visto cosas muy extravagantes en ciertos lugares. Algunas las he apuntado en mi cuaderno de viaje.

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